lunes, 27 de octubre de 2014

Vivir

Vivir:

Gozar una vez más de la suerte.
No pensar en no verte.
Repetir besos indecentes.
Almacenar deseos incoherentes.
Ser valiente.

Celebrar tras todas las cenas.
Disfrutar hasta de las penas.
Luchar desde las altas almenas.
Pronunciar lo que la piel hiela.
Soplar una vez más las velas.

No quedarse en blanco.
Ajusticiar desde cualquier flanco.
Probarte en cualquier banco.
Amar, y ser amado.
Quedarme siempre a tu lado.

La suerte se la busca uno

La suerte se la busca uno...

Llegar a Madrid a las 21 h. sin ningún plan. Buscar en Google: "Conciertos Madrid hoy". Encontrar el de Jorge Pardo a las 22 h. por 5 €. ¡Asombroso! Llegar pitando a la sala de la SGAE a las 21:55 h. Los seguratas me dicen que ahí no es. Me quedo con un palmo de narices. Mierda, la dirección estaba mal en Internet. Pues vaya con la guía del ocio de los coj...

Con un poco de enfado, busco de nuevo. Café Berlín, nunca falla. Conciertaco de "La Negra", una de las voces más increíbles y con más personalidad del flamenco-fusión del momento.

Disfrutar de un concierto lleno de soul, jazz, funky, flamenco, bossa... capitaneado por Amparo Velasco "La Negra", y destacando la inventiva del bajista y los solazos del trompetista y fliscornista del grupo.

Pero lo sorprendente de lo que me ha ocurrido no es sólo que de rebote haya visto un conciertazo de la ostia sin haberlo planeado. Lo impresionante es que en el penúltimo tema... dejando a todos los presentes boquiabiertos, aparece Jorge Pardo en la sala, y, "by the face", remata la faena. Hasta La Negra lo ha flipado.

Tengo suerte, sí, es verdad, pero amigos, que no se diga lo contrario, yo siempre la busco.

La lucha

No ha sido fácil...

Un obstáculo tras otro impedía nuestro avance, que se nos antojaba imposible a cada paso que dábamos. A lo lejos se divisaba el humo negro de las bombas enemigas que, aunque ya no nos intimidaban, no hacían presagiar una buena guerra. No obstante, la palabra "desastre" no entraba dentro de nuestro vocabulario, por mucho que algunas voces nos la gritaran desde el campo de minas que nos tenían preparado.

Afortunadamente, en algunos momentos tuvimos el favor de unos pocos compañeros que, con todo su afán y ahínco, cavaron trincheras a nuestro lado, cubrieron nuestras espaldas mientras descansábamos, o incluso planearon con nosotros, codo con codo, las estrategias que íbamos a seguir a la mañana siguiente. Pero, como en toda guerra, no tardaron mucho en producirse las bajas: o te disparan a quemarropa, o tu carro de combate sufre un fatal accidente... o directamente el enemigo acaba por completo con tu moral, a base de consignas de guerra y todo tipo de mensajes devastadores, los cuales íbamos sorteando a nuestro paso, cada día, a cada hora, casi a cada minuto. 

Los que conseguimos abandonar nuestros odios, y hacer caer de nuestros oidos tanto estruendo... quedamos en pie, incluso soportando el impacto de muchas balas. Pero sólo fuimos unos pocos, dos o tres en las batallas importantes (a veces sólo yo, a veces sólo ellos), lo que hizo retrasar nuestra expansión. De haber sido algunos más, muchos errores se habrían evitado. Pero no todos tienen el valor de adentrarse en una guerra, es comprensible, por ello no se lo reprocharé. Bastante tienen con ser tan cobardes.
Tras veinte días de incesante marcha, durmiendo tres o cuatro horas al día, escudriñando el terreno a la luz de la luna, comiendo sobras... Al fin divisamos a lo lejos el objetivo de nuestra misión. Ya éramos imparables. Ante nuestro soberbio avance, las fuerzas enemigas eran cada vez más inútiles, aunque ofrecían toda resistencia y oposición. El terreno, aún más lodoso e inhóspito según íbamos llegando, empezó a hacer mermar nuestra salud. La piel se nos resquebrajaba, cuarteada por las horas de deshidratación; nuestros músculos, hinchados y doloridos, respondían sólo a veces y a destiempo; la boca nos sangraba, casi a chorros y cada día; los ojos..., los ojos eran globos sin pupilas que nos lloraban de soledad y cansancio... Y aunque la última cuesta casi nos vence, sin embargo... las manos no cesaron, impávidas ante cualquier dolor. Sin ellas, que se aferraron incluso a los salientes más puntiagudos, y sin nuestra voluntad de hierro, acero, plomo y diamante, jamás habríamos llegado a tiempo. 

Rozando los límites, casi sin aliento, y ante la mirada inerme de todos, posamos nuestras declaraciones de paz sobre la mesa, aquellas que serían obligación para con todo y todos, al menos durante un año. Pero aunque se llegó con éxito al final... no hubo entrada triunfal. Ni trompetas que la anunciaran. Ni condecoraciones. Ni pasillo de acusados (ni de acusadores, sorprendentemente). Tan sólo la llegada a tiempo, y la satisfacción del deber cumplido. (No sé ni por qué lo digo, pero... creo que ha merecido la pena pasar por todo esto.)

Hoy por fin esta lucha, sin vencedores ni vencidos, se ha acabado.

Hoy por fin, hemos terminado los horarios.

Somos lo que comemos

Somos lo que comemos, hablas según lees, te aman según amas...

- "Te comería a besos."

martes, 19 de agosto de 2014

El ideal

Increíble, inenarrable, imperecedera, inquieta, indecisa, inerme, inefable, incierta, imprecisamente imprescindible, inverosímil, inquietantemente inalcanzable.

La lista es interminable. Infinita. Inmortal.
 

Ideal.

Luna nueva

La luna llena se partió.
Desaparece cada día un poco.
La dama esconde su color.
Se desdibuja entre gritos de loco.

Ya no escuchará los suspiros.
No calmará a quien por ella pena.
Su mirada ya será un río.
Será la amante de quien la desprecia.

Luna nueva, ¿dónde estarás?
¿Dónde te escondes, dónde está tu magia?
Tu silencio, y nada más,
delata que tu cara oculta rabia.

Te perdiste entre laberintos
que nacían de tus profundos miedos.
Los tumultos fueron precintos
que apresaron tus eternos deseos.

Sal de tu oscuro y negro cielo,
grillete en el que tu misma te encierras.
Da a quien lo merece tu pecho,
lecho por el que mil soles murieran.

Así que, luna nueva, amiga,
ve a nacer tras el sol de un nuevo día.
Serás con él blanca, y llena.
¡Esa estrella romperá tu condena!

El cadáver

Llegar de madrugada a casa, soltar el cadáver en el salón, abrir una cerveza y dormir sin culpa ninguna.

Y otros placeres de la vida...
 

#microcuento